Alan García: de los narcoindultos al shock social

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La candidatura presidencial de Alan García al 2016 quiere arrancar. En medio de una coyuntura donde los casos López Meneses y Martín Belaúnde dañan de forma preocupante la imagen del gobierno, quedando la idea de que “todos son corruptos”, el ex presidente aprista se mueve sin contratiempos en medio de la concentración de medios que le brinda una palestra sin rubores. Incluso se atreve a tomar distancia de las supuestas “corruptelas” de los otros políticos, y lanza un “shock social” para “recuperar el tiempo perdido”.

Con “shock social”, Alan García se refiere a la necesidad de multiplicar obras y enfrentar la seguridad ciudadana, que identifica como las razones por las que los peruanos no sienten la inversión y el crecimiento. Las obras “inmediatas” son para el ex presidente una varita casi mágica, obviando, como en el “Discurso del perro del hortelano”, el reconocimiento de los derechos de los ciudadanos para fortalecer la democracia. No olvidemos que el gobierno de García se ha caracterizado por atentar contra los derechos laborales, a la educación y a la salud. Pero sobre todo por violar los derechos de los pueblos indígenas, tal como ocurrió durante el Baguazo, conflicto que dejó 34 muertos. ¿De qué shock social nos habla cuando no se preocupa por los derechos de los peruanos?

Atrás queda el recuerdo de los “narcoindultos” gracias a la prensa concentrada y la justicia peruana. Un caso grave donde, según lo revelado por la Megacomisión que investigó el segundo gobierno aprista, habría existido una organización ilícita al más alto nivel que se enriqueció con el uso y abuso del aparato estatal. El comportamiento corrupto habría sido sistemático y el ex presidente García habría cumplido un rol protagónico en los hechos imputados. ¿Estamos ante el mejor gobierno de los últimos tiempos como se ufana el líder aprista?

Aprovechando las debilidades del sistema jurídico y algunos de sus tentáculos en la Fiscalía de la Nación y en el Poder Judicial, Alan García fue librado de investigaciones por casos de corrupción y hasta acusaciones por delitos de lesa humanidad. Un manto de impunidad lo viene acompañando desde la década de 1990, lo cual resulta peligroso para el sistema democrático. De esta forma, pasamos de los narcoindultos al shock social con la facilidad que otorga un sistema político fragmentado y la ausencia de una fuerza política que pueda enfrentarlo y desenmascararlo.

Si bien Alan García ocupa un tercer lugar en las encuestas de intención de voto presidencial y posee un fuerte antivoto, no olvidemos que en 2006 pudo avanzar gracias a que se posicionó como el único candidato que podía detener el “peligro chavista” que representaba supuestamente Ollanta Humala. Hoy, el APRA habla de un frente social, quizás tratando de colocarse a la izquierda del espectro político. Pero, como bien recuerda el periodista Raúl Wiener, el gran problema de García hacia el 2016 sería su dificultad de convertirse en el “mal menor”.

El máximo líder del APRA está en problemas. La derecha tiene una lista de candidatos presidenciales “intercambiables”, situación que no le asegura una posición mejor frente a Keiko Fujimori o Pedro Pablo Kuczynski, quienes ofrecen lo mismo: continuidad económica y un gobierno políticamente conservador. Polarizar el escenario electoral sería la única carta para persistir en el sueño del tercer mandato presidencial, pero polarizando ¿contra quién?

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