Brasil enfrenta, es verdad, una situación económica preocupante y, más grave aún, enfrenta una muy seria crisis política, que amenaza con transformarse en crisis institucional. Mucho se habla de la urgente necesidad de dar combate a una corrupción endémica e institucionalizada (que, a propósito, no empezó ahora y mucho menos con la llegada del PT al poder), y en lograr una manera para que el gobierno gobierne.

