"En la capital se concentra el mayor número de pobres; más se padece hambre en el Perú y en donde no hay ni estrategia ni instrumentos de focalización para la lucha contra la pobreza”.
Quizás usted recuerde que, en mayo pasado, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) suspendió, "por razones de fuerza mayor", la presentación del informe sobre los resultados de la pobreza en el Perú correspondiente al año 2023.
El último informe de Oxfam Internacional de setiembre de 2024, titulado "Multilateralismo en una era de oligarquía global”, revela que el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 95% de la humanidad, lo que pone de manifiesto una preocupante concentración de poder y riqueza. El informe subraya cómo las grandes corporaciones y las élites económicas están influyendo de manera desproporcionada en las políticas globales, exacerbando la crisis climática y frenando las reformas necesarias para abordar las desigualdades y la pobreza.
Sólo un tercio de las metas que las Naciones Unidas (ONU) definieron en 2015 para reducir la pobreza van por buen camino o progresan moderadamente. Y 2030 está muy cerca.
En opinión de António Guterres, secretario general de la ONU, “Hay que ser claros: no estamos donde tenemos que estar”. Con esta constatación hecha pública el 13 de julio, arrancó una quincena importante para medir la salud (o la enfermedad) del planeta.
América Latina y el Caribe (ALC) cerraron 2024 con un hito histórico: la tasa de pobreza más baja del siglo, 25,5%. Sin embargo, el Banco Mundial advierte que este avance convive con brechas estructurales persistentes —desigualdad, informalidad y baja productividad— que ponen en riesgo la continuidad de la recuperación social. El caso peruano es particularmente preocupante: mientras la región avanza, Perú no ha logrado retornar a sus niveles prepandemia y exhibe una vulnerabilidad elevada, sobre todo entre la población que logró ascender temporalmente a la clase media.
Disclaimer:“Hay quienes dicen que soy negativista, un pesimista. Soy realista, que es muy diferente. Trato de buscar respuestas a los problemas del país, lo que implica, ir al origen de esos problemas, a sus raíces, y proponer soluciones. El optimista sin datos, sin números, es un iluso”. ANL