Para algunos, ir a Grecia es hacer el paseo por las islas, como el símbolo de status correspondiente a la muestra de poder que da el dinero; significa llegar allí donde pocos llegan, más si vienen de la Argentina. La célebre isla de Santorini queda entonces para muchos otros tantos como el escenario de Mediterráneo, dirigida por Gabriele Salvatores y ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en 1991. Una joyita, por cierto, de las que no abundan. Sin embargo, existe otra categoría de “happy few” que no entra en el turismo esnob, donde “el lujo es vulgaridad”. Ni en ningún otro.

