El gobierno griego no pudo convencer a sus acreedores para que le reduzcan significativamente su deuda y para cobrar mayores impuestos a las grandes empresas y fortunas. Esta propuesta era la alternativa a los rescates condicionados a los recortes de gastos y a los incrementos de los impuestos indirectos que le exigían sus acreedores. El martes 30 de junio Grecia tenía que pagar 1,600 millones de euros al FMI y, como no lo hizo, esta institución lo declaró en default.
