El petróleo, como pocos otros activos, condensa el poder geopolítico, la fragilidad económica y la ansiedad del mercado global. Cuando una bala cruza las fronteras entre países del Medio Oriente, las ondas expansivas llegan no solo a los países en guerra, sino también a los tableros financieros de Londres, Nueva York, Shanghái, y del mundo entero. La actual guerra entre Israel e Irán ha provocado un repunte en los precios del petróleo y como es de esperar tendrá efectos colaterales en el crecimiento económico, la inflación global y en las decisiones de política monetaria.