Informaciones periodísticas, de fuentes diplomáticas, de la inteligencia civil advierten movimientos rápidos en el norte costero del Perú. EEUU, con sentido estratégico vendría copando posiciones claves en ese territorio.
Las acciones de agresión e intromisión en el continente americano que presenciamos desde que Donald Trump asumió la presidencia, en enero de este año, apuntan a guillotinar la soberanía de los países de la región para convertirlos en Estados subalternos al servicio de sus intereses. Estos se enmarcan en la política exterior de ese país cuyos lineamientos están expuestos con meridiana claridad en la Estrategia Nacional de Seguridad” de Estados Unidos divulgada el viernes 5 por la Casa Blanca.
Visitar China en 2025 es enfrentarse con una realidad que desborda las categorías con las que solemos analizar el mundo. No se trata del país en desarrollo que conocimos hace dos décadas; tampoco del gigante amenazante que describe la prensa occidental. Es algo más complejo y más interesante.
La presencia de los capitales asiáticos invertidos en nuestro país provenientes de la República Popular China es cada vez más importante, a tal punto que el presidente de la república José Jerí se tiene que reunir con empresarios chinos de manera clandestina, para saborear la exquisita comida china y concertar negocios turbios. Al respecto el “Pacto Mafioso” enquistado en el Congreso de la República mira al costado.
El Perú enfrenta presión sin precedentes de la administración Trump para "limitar influencia china" en la región. Sin embargo, esta narrativa norteamericana oculta una realidad incómoda: el Megapuerto de Chancay representa una inversión de 3.600 millones que capitales occidentales no aportaron durante décadas de solicitudes peruanas. La infraestructura transforma al país en hub logístico del Pacífico Sur no por alineamiento político, sino por vacío dejado por otros actores.