Visitar China en 2025 es enfrentarse con una realidad que desborda las categorías con las que solemos analizar el mundo. No se trata del país en desarrollo que conocimos hace dos décadas; tampoco del gigante amenazante que describe la prensa occidental. Es algo más complejo y más interesante.
La infraestructura es lo primero que impacta. Los trenes de alta velocidad, las autopistas, los aeropuertos, las ciudades nuevas: todo tiene una escala que difícilmente se encuentra en otro lugar del mundo. Pero lo más notable no es la infraestructura sino la velocidad con la que se transforma.
El ecosistema tecnológico chino ha alcanzado una autonomía que pocos anticipaban. Desde las plataformas de comercio electrónico hasta la inteligencia artificial, China ha desarrollado soluciones propias que compiten y en muchos casos superan a las occidentales.
Para el Perú, principal destino de inversión china en la región, entender esta realidad es crucial. La relación bilateral no puede seguir siendo solo exportación de cobre e importación de manufacturas. Hay oportunidades en tecnología, energía renovable e infraestructura que el país no está aprovechando.
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