Las lecciones de la antipolítica

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Por: 

Nicolás Lynch

La antipolítica, en el Perú post cinco de abril de 1992, es la condena de todas las políticas que no sean las del mercado y los tecnócratas que las hacen funcionar, que tienen además algún caudillo salvador a su servicio. Empero, la antipolítica, con el tiempo ha capturado a algunos de sus ocasionales adversarios que también han negado la política de otras maneras para, equivocadamente, enfrentarse a la prédica neoliberal. Esto último es lo que ha pasado con algunos de los opositores al neoliberalismo en el Perú y lo ocurrido en el Frente Amplio, a la luz de los magros resultados electorales, es un buen ejemplo de lo que señalo.

El primer acto lo protagonizó el partido Tierra y Libertad. Ofreció primero la inscripción electoral que ostenta para que la usara el Frente Amplio y cuando no le gustó la decisión que tomó este sobre una posible alianza con Perú Posible en Lima, por cinco votos a uno y siguiendo los acuerdos de un anterior evento nacional, retiró su oferta inicial y se llevó su inscripción. Exactamente como el chico del cuento que no acepta las reglas previamente acordadas y se lleva su pelota a casa dejando a los demás sin jugar.

El segundo acto lo protagonizó Susana Villarán (Iba a decir Fuerza Social pero escribo SV porque la realidad es que todas las decisiones importantes las tomaba Villarán). Al no contar ya con la inscripción del “Frente Amplio”, en control de Tierra y Libertad, decide salir a la búsqueda de una inscripción vacante y se encuentra con la de Diálogo Vecinal. El resto de fuerzas del Frente Amplio (ya con Tierra y Libertad fuera) la acompañan en un primer momento, pero ante las arbitrariedades en la conformación de la lista se van poniendo, con discreción pero crecientemente, de perfil frente a su candidatura.

En el discurso y algunas de sus conductas tanto uno como otro realizan prácticas profundamente antipolíticas. Tierra y Libertad confundiendo la ética del predicador con la ética de la responsabilidad, quiere aparecer como el puro de la renovación izquierdista y prefiere definir las alianzas por las características del aliado y no por la prioridad que supone el enemigo a derrotar. En este caso, le molestan los líos de Perú Posible más que los de Somos Perú, Acción Popular u otra agrupación de centro (que también han tenido sus líos); negligiendo el blanco principal que era la DBA expresada por Castañeda.

Susana Villarán, por su parte, rechaza su herencia izquierdista y a sus antiguos compañeros cada vez que puede, siendo de izquierda en la derrota y de centro en la victoria. Pero también se niega, en su actuación como alcaldesa a desarrollar el liderazgo nacional indispensable para el éxito de la gestión municipal. No quiere hacer política al renegar de su tradición y al renegar también de la competencia con otros líderes nacionales, insistiendo en una imagen de compromiso con una Lima popular que ya no existe.

¿Qué une a Tierra y Libertad con Villarán, en el discurso al menos? Su rechazo a la política, ellos creen que por éticos pero en realidad porque los asusta los rigores de la responsabilidad política, que no se parecen ciertamente a sus fantasías. Sin embargo, ¿qué sucedió en la práctica? Tanto uno como otro jugaron a sacarle el máximo provecho al factor de poder con que contaban. Tierra y Libertad a su inscripción y Susana Villarán a su candidatura. La idea inicial de que Villarán corriera con la inscripción de Tierra y Libertad prestada al Frente Amplio para afirmar una presencia desde la izquierda no funcionó, quizás porque ninguno de los que tenía poder quería que funcionara.

¿Y los que no contaban con inscripción y solo algunas candidaturas locales? Me refiero a los dos partidos comunistas (Patria Roja y PCP), Ciudadanos por el Cambio y el Partido Socialista. Su juego ha sido definitivamente menor, salvo Patria que ha ganado Cajamarca con un destacado militante como Gregorio Santos al frente. Ello, por supuesto, no los hace irresponsables, primero por ingenuos al confiar en la inscripción de Tierra y Libertad y la apertura de Villarán, pero sobre todo por no tener sus propios factores de poder para hacer contar sus puntos de vista. Quedan, sin embargo, estos partidos como testigos de lo sucedido y protagonistas de una mediación que no fructificó.

La gran lección hacia delante para las huestes que quieren transformar el Perú es que no se le puede hacer ascos a la lucha por el poder (para después terminar cambiando figuritas detrás de la puerta), si se quiere construir un poder distinto, es decir, democrático. Es justamente, compitiendo con fuerza por el poder, con organización, inscripción, candidato, programa; que se trasciende a este poder plutocrático al que nos enfrentamos, para refundar una comunidad de donde surja un poder transversal y ya no solo vertical como el actual. Pero no hay ni habrá nuevo poder que surja del abstensionismo, de mirar al espejo y decir “qué bonito soy”, de repetir las fantasías que están ausentes de las cabezas de la abrumadora mayoría de compatriotas.

Nuevamente, recuperando la virtud de la militancia, “manos a la obra”.

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