Egipto: Un escenario político incierto

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Por: 

José F. Cornejo

En Egipto, un país de 80 millones de habitantes, se viven actualmente momentos turbulentos en una sociedad totalmente polarizada y en donde el futuro político del país está lleno de muchas incertidumbres.  Existen hoy tres grupos principales: los Hermanos Musulmanes y sus aliados, bien organizados, cuyo máximo líder Mohammed Mursi fue destituido de la presidencia el pasado 3 de julio; la institución militar (un millón y medio de hombres en armas) que busca preservar sus intereses económicos, entre el 20 y el 30% del tejido económico del país  (fábricas de metales, textileras, gasolineras, etc…), y un tercer grupo emergente que agrupa a fuerzas políticas democráticas, panarabistas, nasseristas, juventudes, etc. Esta última fuerza logró movilizar a más de 20 millones de personas en la rebelión para derrocar al gobierno de Mursi, llamada en árabe “Tamarrod”.

El  ejército egipcio ha hecho todo lo posible para no ser visto como golpista, contrariamente a lo que ocurrió en Argelia (enero 1992), mientras que el movimiento popular ha contado, además, con el respaldo de gran parte de los sectores políticos y religiosos del país. De forma inteligente y premeditada, el General Al Sisi anunció la destitución de Mursi, rodeado por una figura destacada de la oposición secular, Mohamed Al Baradei, el Papa copto, el líder de la institución principal suní Al Azhar y de representantes del movimiento “Tamarrod”.

Así, por primera vez en 42 años, el mundo ha sido testigo de una contradicción entre el ejército y la administración norteamericana, un ejército que fue durante mucho tiempo un aliado clave de Estados Unidos y una fuerza estabilizadora en la región para los intereses norteamericanos.

El Pentágono ha visto cómo los intereses de Estados Unidos están en peligro, y cómo tendrán ante sí, junto a Arabia Saudita, el reto de impedir que Egipto se salga de la sombrilla de la hegemonía norteamericana. Esta preocupación se percibe en el simultáneo despliegue de buques de guerra y de marines en el Mar Rojo (el Pentágono ha tenido que desmentir que preparaba una intervención militar en Egipto), con la apresurada visita del Subsecretario de Estado William Burns el pasado lunes 15, recibida fríamente por todos los sectores políticos egipcios. Lo que pareció ser un golpe militar ha puesto al gobierno de Barack Obama en una posición incómoda. El diario Washington Post ha caracterizado la situación egipcia como un “campo de minas” político. La administración de Obama se ha visto confrontada al riesgo, de abandonar a Mursi y aceptar al movimiento democrático que se vive en Egipto, y, al mismo tiempo, buscar salvaguardar los intereses de Estados Unidos en la región.

La Casa Blanca ha debido enfrentar además una gran oleada de expresiones anti-Obama en las manifestaciones egipcias, que culpaban a la Casa Blanca de haber instalado a Mohamed Mursi. Egipto ha sido el segundo mayor receptor de ayuda bilateral de Estados Unidos, después de Israel. Arabia Saudita ve en lo ocurrido su oportunidad para retomar el mando en la región árabe gracias al fracaso que experimenta crecientemente Catar, en su ambición de ser líder de la llamada “Primavera árabe”.

En Egipto se realizó la mayor protesta masiva en su historia como respuesta a la orientación religiosa autoritaria de  Mursi, pero sobretodo, ante la virtual bancarrota económica del país que el gobierno de los Hermanos Musulmanes no supo encarar. El país de los Faraones vive hoy un momento crucial y preocupante. El gobierno de coalición nacional de Adli Mansur busca organizar rápidamente la transición hacia nuevas elecciones, al mismo tiempo que negocia una ayuda financiera internacional que permita evitar el derrumbe económico del país. Mursi, por su parte, ha llamado a la resistencia pasiva, pero los enfrentamientos han causado a la fecha más de 50 muertos y más de 200 heridos. El futuro cercano de Egipto tiene un panorama cargado de mucha incertidumbre, en una región en la que se desarrollan simultáneamente otros conflictos y escenarios de guerra. El impacto que tendrán estos acontecimientos en la escena internacional será significativo.

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