Drogas y Narcotráfico: cuando predomina la ignorancia y el desinterés

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Por: 

Ricardo Soberón

Los primeros pasos del nuevo Gobierno peruano en materia de lucha contra el Narcotráfico y Políticas de Drogas (2016/2021), han sido equívocas y confusas, a la luz del discurso presidencial del 28 de Julio, la presentación del Premier Zavala y los primeros cambios normativos.

Esto ocurre al haber reducido la jerarquía y estructura burocrática dentro de la administración pública de DEVIDA. Este Organismo Público Descentralizado, que durante la última década fue el ente rector en materia de Políticas de Drogas, se ubica dependiente del sector Justicia, con lo cual debilita tremendamente las posibilidades de coordinación con el sector Salud, Agricultura, Interior y Relaciones Exteriores, para poner cuatro ejemplos. No quisiéramos estar en los zapatos de la buena ministra Pérez Tello que tendrá que lidiar con el tremendo problema carcelario, las deudas pendientes en materia de Derechos Humanos y ahora, con el tema de Drogas. 

Las señales de esta medida son muy fuertes: o no le interesa al poder político, o no sabe qué hace con ella; sin considerar cuáles serán las respuestas de la cooperación internacional. Esto ocurre en circunstancias en que el narcotráfico procedente del Perú encuentra nuevas dinámicas internas y externas, que deben ser consideradas al más alto nivel político. Veamos.

Primero, una agricultura rural cuyo desarrollo ha estado jalonado por la gran agro industria de la costa y que ha abandonado a los efectos del mercado internacional y a los efectos de la roya sobre el café, a los agricultores campesinos de la selva alta. En el caso de la coca tradicional, los últimos gobiernos la han abandonado a un monopolio muy poco eficiente, como es ENACO. Peor aún, la última respuesta del gobierno “nacionalista” de Humala y Heredia fue la de dejar el decreto legislativo 1241 que criminaliza con penas de 3 a 8 años la resiembra de coca, en momentos que la Ley Obama, recientemente promulgada en EE.UU permitiría la extradición incluso de dirigentes campesinos. 

Segundo, un sistema criminal desbordado tanto en las comisarías, fiscalías, tribunales y por supuesto en las cárceles. En su intento de aparecer más duro con este delito –sin discriminar entre pequeños y grandes traficantes- se ha logrado el efecto perverso: el sistema es una coladera para grandes organizaciones, mientras que llena espacio y ocupa tiempo valioso de detectives, de policías, de fiscales especializados y de jueces. La Policía, se concentra en paqueteros que son la cadena más difusa y débil de la cadena del tráfico. Y hace su sencillo en las calles, deteniendo usuarios de pequeñas cantidades. 

Tercero, una demanda internacional de cocaína y de pasta base que encuentra al Perú como el segundo y primer productor, respectivamente. En los últimos años, lo más que ha podido lograr la interdicción mundial es de haber estabilizado el mercado mundial de cocaína, mientras que el mercado de la pasta base encuentra al Brasil, como el segundo consumidor en el mundo. Esta situación es en parte la causa del crecimiento del VRAEM durante los gobiernos de García y Humala como la primera región productora y exportadora de PBC, hasta que se promulgó la Ley de derribo aéreo que llevó a una reducción de los precios en la chacras y dinámicas migratorias hacia Cusco, Puno y Madre de Dios. 

Dentro de esta maraña de omisiones, contradicciones y falta de rumbo, prevalecen los discursos simbólicos dominantes como los que emanan de El Comercio, CEDRO, el propio MININT y RR.EE (que ha impedido que el Perú acompañe al GRULAC en el proceso de reforma de las políticas de drogas, en el reciente UNGASS de abril del 2016), mientras que estamos seguros que el propio Presidente PPK y su Premier son conscientes de las debilidades del discurso de la “Reducción de la Oferta”. Adicionalmente, mediante Decreto Supremo 061-2016, se pasó a DEVIDA, la administración de CODEHUALLAGA Y CODEVRAEM, dependencias creadas el 2012 y 2013 durante el Gobierno de Humala, en una clara duplicación de esfuerzos por su visión militar del problema.

Así, este Gobierno ha empezado mal su gestión, y a 30 días de su inicio, no ha podido nombrar aun a las autoridades que asumirán el cargo de Presidente de DEVIDA, dejando una señal de acefalía que debe ser pronto corregida, mientras que SUNAT clama por su restructuración para ser más eficiente el control de los insumos químicos. Por otra parte, la Policía sigue sometida a la demanda de mayor seguridad de la ciudadanía, las FF.AA adolecen de una misión clara en el VRAEM; claro, los resultados impidieron el “narco Estado”, pero seguimos con un Estado muy poco potente y eficaz. Finalmente, la primera responsabilidad de un DEVIDA diminuto será la de empezar a elaborar la nueva Estrategia Nacional de Control de Drogas 2017/2021, pero tal como están las cosas, no vemos humo blanco sino nubarrones grises.

 

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