Defender a Grecia

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Por: 

Nicolás Lynch

Lo que sucede hoy en Grecia puede definir el futuro no solo de Europa sino de la humanidad entera. La actitud soberana y democrática del pueblo griego encabezada por el gobierno de Syriza ha puesto 30 años de hegemonía neoliberal en el planeta contra las cuerdas.


 
Un concepto clave del neoliberalismo está en cuestión: la austeridad. La necesidad de, supuestamente, recortar el gasto, para después poder crecer. Cinco años de paquetes de austeridad han devastado la economía griega y la han llevado a una situación peor que al principio. A junio de este año y respecto al principio de la crisis, de acuerdo al periódico inglés The Guardian, Grecia ha tenido una caída de 25% del PBI, un 28% de reducción del empleo público, un 28.5% de reducción de consumo de comida, un 61% de caída de la pensión promedio, un 26% de desempleo abierto, un 45% de sus pensionistas por debajo de la línea de pobreza y una deuda pública que llega al 180% de su PBI.
 
En estas condiciones queda claro que el objetivo de la denominada “troika” (FMI, Banco Central Europeo y Consejo Europeo) con la austeridad ha sido someter a Grecia a la tutela económica y política de los poderes mundiales y no permitirle pagar su deuda ni menos emprender una nueva senda de desarrollo para el país.

El establishment europeo no quiere que Grecia salga del carrousell interminable de la deuda –prestar para pagar la deuda anterior en condiciones imposibles y luego volver a prestar- porque ello significa el fin del negocio para sus bancos, especialmente franceses y alemanes y, en el peor de los casos, si se produjera una cesación de pagos, el riesgo de quiebra de los mismos.
 
El desacuerdo final (hasta el momento en que se escriben estas líneas, lunes 29 de junio) es demostrativo de ello. Haciendo muchos sacrificios e incluso en desacuerdo con un ala del propio partido de gobierno, el equipo negociador griego encabezado por Tsipras propuso cifras muy similares a las de sus pares europeos, una diferencia de aproximadamente 100 millones euros según los medios,  sobre los objetivos de mayor ahorro público a lograr. Sin embargo, la diferencia estaba en cómo lograr estos objetivos. Los griegos quieren hacerlo por la vía de más impuestos a los ricos y a las grandes empresas, la troika y en especial el FMI insiste en que los mayores recortes se hagan a salarios y pensiones, además de un, mayor aún, aumento del IVA (IGV entre nosotros). En suma, unos quieren que paguen los ricos (impuestos directos) y los otros los pobres (impuestos indirectos, salarios y pensiones). Esto, además del pedido de una reestructuración del pago de la deuda griega, que en las actuales condiciones se ha demostrado impagable. Es tan absurda la negativa de la troika en este último punto que hasta el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos les ha pedido flexibilidad para no ahogar a Grecia con calendarios de pago que no puede cumplir.
 
Producido el desacuerdo el gobierno griego ha reaccionado como debería hacerlo cualquier gobierno democrático: convocando a sus ciudadanos a un referéndum para que ellos tomen la decisión sobre las propuestas en discusión. Frente a esta convocatoria los poderes europeos han respondido con desdén y es interesante la anécdota del Ministro de Finanzas griego Yanis Varufakis, quien señala que cuando les planteó la posibilidad del referéndum  a sus colegas europeos estos le respondieron diciéndole que era imposible para los ciudadanos comunes y corrientes entender los complejos razonamientos económicos. Esta ha sido una constante de los partidarios de los ajustes y la austeridad: sacar del debate público la discusión económica y esconder de la gente las consecuencias de sus medidas.
 
La situación griega revela que el objetivo, como ha sido también en el caso peruano, es el control político y no la racionalidad económica. No importa que pueda pagar, lo que importa es que sigan prestando. No importa que puedan desarrollarse, lo que importa es que las economías periféricas se conviertan en tributarias de las centrales. En el caso de Grecia, de los fuertes de Europa, es decir, alemanes y franceses. En el caso nuestro de los Estados Unidos.
 
En Grecia, el próximo domingo 5 de julio se va a hacer exactamente lo contrario de lo que quieren los poderosos. Se va someter a un pueblo soberano las decisiones a tomar sobre el futuro de su país. ¡Qué distinta actitud la de estos gobernantes griegos que contrasta con los gobiernos que hemos tenido en los últimos 25 años en el Perú, presurosos para someter al país a los poderes extranjeros! El ejemplo de Grecia con toda su importancia no es, sin embargo, sino un hito en una lucha de más largo aliento por un mundo más justo y democrático De allí que debemos estar atentos a sus lecciones y multiplicar nuestra solidaridad con ese pueblo valiente.

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