Cuando el acceso a la salud no es una esperanza, sino una realidad

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Por: 

Susana Chávez

Hay historias que merecen contarse, y una que de cuenta de una proeza médica es más que una obligación. Mariana es un nombre ficticio, pero ella es real; Mujer nativa de la Comunidad de Andoas de 36 años, tres hijas y un embarazo gemelar de 15 semanas, que ella quería continuar. Paul Preza, es un nombre real, joven Cardiólogo-Electrofisiologo, Sanmarquino, que con muchos sueños y sacrificios hizo su especialidad en un instituto de alta especialización en México; estableciéndose así un vínculo común entre Mariana y Paul. 

Para quienes no lo sepan, Andoas es un poblado cercano a la frontera con Ecuador, que aloja a la etnia Kichwa. Salir de allí hacia Lima, toma por lo menos 20 horas de viaje. Mariana, con su incipiente embarazo, empezaba también a presentar mareos, falta de aire y sucesivos desmayos. El diagnóstico daba cuenta de un mal cardiaco, que solo con una intervención altamente especializada podría cambiar el curso, no sólo de su vida, sino también de una maternidad deseada, pues aún sin saber, llevaba un embarazo gemelar. Sin el acceso a la tecnología, Mariana hubiera tenido que renunciar a este embarazo, pues muchas veces el aborto terapéutico no tiene que ver con embarazos que no se desean, sino con aquellos a los que las mujeres tienen que dar a término para salvar sus vidas. 

La esperanza que encontró Mariana en el Hospital Loayza y particularmente en las manos hábiles del Dr. Preza, fue la posibilidad de tener una intervención cardiaca, reduciendo al máximo los riesgos para su salud y asegurando la continuidad del embarazo. Fue así que se desarrolló una proeza que solo se puede hacer, en base al conocimiento, la experticia y sobre todo, el compromiso profesional y humano de no solo proteger la salud de Mariana, sino también de atender su proyecto de vida, que incluye la continuidad de su embarazo, desarrollándose, por primera vez en esta mujer, un procedimiento inusual de colocación de un marcapaso definitivo, sin el uso habitual de la fluoroscopía, que si bien sirve para orientar el proceso quirúrgico, también emite rayos nocivos para el desarrollo de los fetos.

Mariana ya no sufrirá más desmayos, ni su corazón se seguirá debilitando y muy pronto estará de retorno a su comunidad y continuará con el embarazo que tanto quiso proteger, Paul, seguirá en el Hospital Loayza, donde ahora se contará con un nuevo procedimiento que permitirá a las mujeres ampliar sus opciones para decidir.

Muchas veces, cuando hablamos de la salud o de los hospitales, lo primero que aparece es la precariedad y el maltrato. Sin embargo, historias como las de Paul y Mariana, nos demuestran que no solo hay corrupción, tan común en nuestros días, sino también actos de profundo compromiso y solidaridad, que nos acercan no solo a un trato humano, sino también al concepto elemental del derecho a la salud, al que nadie debería ser ajeno. 

 

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