Anemia y desnutrición que matan el futuro

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Las últimas cifras de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes) del INEI y la Organización Mundial de la Salud (OMS), son realmente alarmantes pues muestran que los programas sociales aplicados por el gobierno, para disminuir tanto la desnutrición como la anemia, no han obtenido los resultados esperados. Pese a que se ha registrado una leve mejoría en los índices de la lucha contra la desnutrición crónica, la anemia sigue incrementando su porcentaje. Solo en el 2014 afectó a un millón 25 mil 524 niños menores de 5 años.

Cifras alarmantes
En el caso de la anemia en menores de 5 años, las cifras son preocupantes. En el año 2013, el 34% de los menores a nivel nacional, equivalente a 1’019,288 niños, se vio afectado por anemia. La anemia no es una enfermedad, sino un estado que puede ser originado por múltiples causas y una de las más frecuentes es la deficiencia de hierro, por una insuficiente alimentación.

En el 2014 el porcentaje de niños afectados se incrementó a 35,6%, alcanzando a 1’025,524 menores. La anemia influye negativamente en su rendimiento intelectual, provocando dificultades en el aprendizaje, disminución en el desempeño cognitivo, además, de generar posibles trastornos en la conducta. Las índices de anemia más altos se presentan en las regiones de Puno con 63,5%, Loreto 54,7%, Junín 51,6%, Madre de Dios 51,3%, Huancavelica 49%, Cusco 46,7% y Pasco con 46,3%.

Por otro lado, en el 2013, el 17,5% de la población infantil menor de 5 años presentaba desnutrición crónica, lo que representa un total de 507,861 casos. Si bien en el 2014 la cifra se redujo a 14,6%, equivalente a 420,580 casos aproximadamente, esta enfermedad aún se encuentra presente un gran número de peruanos. Las regiones en las que hay un mayor índice de desnutrición crónica son Huancavelica con el 35%, Cajamarca con el 32,2%, Amazonas 30,8%, Apurímac 27,3%, Ayacucho 26,3%, Ucayali 26,1%, Pasco 24,9%, Huánuco 24,8%, Loreto 24,6% Piura 21,7% y Junín con 22,1%. Por su parte, Lima Metropolitana es la ciudad que tiene el menor índice, con 3.7%.

Esfuerzo conjunto
Los mayores índices de desnutrición crónica y anemia están focalizados en el interior del país, donde el Estado no llega con la ayuda suficiente. Hasta el momento los programas sociales que han impulsado los ministerios de Salud (Minsa) y de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) no han obtenido los resultados esperados. No es cuestión de afrontar el problema de manera independiente. Este debe ser atacado desde distintos ángulos y de manera conjunta: ofreciendo un adecuado servicio de salud para el tratamiento de los afectados, poniendo a disposición los alimentos necesarios para combatir estos índices y desarrollando una cultura de prevención al respecto. 

Cabe resaltar que tampoco se trata solo de combatir la anemia y la desnutrición con programas sociales. Existe un problema de fondo aún mayor, ya que en gran medida esto es producto de las condiciones de pobreza en las que vive la población afectada. Por eso, el Estado debería promover el desarrollo sobre la base de la expansión de la inversión privada nacional diversificando la actividad productiva agrícola, agroindustrial e industrial, que a su vez garantice la atención básica en salud, educación y alimentación en los sectores más vulnerables. 

Frente a esto, la sociedad civil está impulsando iniciativas como la que viene promoviendo el Grupo Impulsor Inversión en la Infancia, denominada “Anemia y Desnutrición Cero”. El objetivo de esta movilización es llamar la atención de todos los sectores del Estado –gobierno nacional, gobiernos regionales, municipalidades– y al conjunto de la sociedad, para dar prioridad en la agenda nacional a la lucha contra estos dos graves problemas que afectan el desarrollo de los niños.

El padre Gastón Garatea, coordinador nacional de Inversión en la Infancia, sostuvo que la anemia y desnutrición infantil no son un problema político, son un problema humano. “Detrás de cada estadística está la vida de un niño que no podrá desarrollar plenamente sus capacidades por culpa de la anemia o la desnutrición, dos males evitables. No hay justificación para que más de un millón de niños peruanos estén condenados a ser ciudadanos de segunda categoría por causas que podemos evitar”, declaró.

De esta forma se plantea iniciar una lucha frontal contra la anemia y desnutrición infantil a fin de erradicarla. El desarrollo social implica la disminución de este porcentaje de morbilidad en las poblaciones más vulnerables y la mejora de su calidad de vida. Esta lucha trasciende a un gobierno, se trata de un asunto de Estado, constituye una responsabilidad ética para con la niñez y el futuro del país.

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