En las tres oportunidades en las que Keiko Fujimori (KF) perdió las elecciones no tuvo la educación cívica política de saludar al presidente electo, desconoció el resultado con la grita de fraude y anunció que ella gobernaría desde el Congreso, lo que significó el ejercicio de una política obstruccionista a los Gobiernos a través de su bancada en el Congreso, llegando a solicitar la vacancia presidencial. Todo ello evidenció acciones antidemocráticas y en las que la ambición pesó más que la razón.