El domingo 7 de junio de 2026, el destino del Perú no se definió únicamente en las calles de Lima, los valles del Cusco o las arenosas llanuras de Piura. Se jugó, de manera dramática y silenciosa, en las oficinas congeladas por el aire acondicionado de Miami, en las plazas de Madrid y en los abarrotados centros comunitarios de Buenos Aires. Más de 1.2 millones de compatriotas en el exterior —una masa electoral capaz de inclinar la balanza en una elección que se araña voto a voto— salieron a las urnas.
