Han transcurrido menos de diez días de gobierno de los nuevos actores de la conducción de la Nación. A trompicones, los ministros han jurado sus mandatos, propios y ajenos, ajustando sus fajines mientras que los ayer candidatos -hoy implacables críticos- agoreros prematuros, anuncian ventoleras, interpelaciones, vacancias, renuncias. Tumulto.
No han terminado aun de instalarse los nuevos funcionarios públicos cuando ya una bullangera y autodenominada oposición anuncia presuntos actos impropios en la calle y las curules.