Aunque de amplitud numéricamente moderada, con una participación no tan extendida como se hubiese podido esperar, hay varios mensajes en el resultado electoral del 7 de julio, en Francia.
En primer lugar, un mensaje central:
A las fuerzas de la burguesía francesa, las más comprometidas con el neofascismo, y a su gobernante de turno (con todas sus dependencias y complicidades), un mensaje de rechazo rotundo por la incorporación que habían efectuado del neofascismo como alternativa probable para administrar la crisis.