Cuando la victoria militar de Rusia es ostensible y los combatientes ucranianos, invadidos por la derrota y la desesperanza, no pueden más con su alma, al presidente de Francia no se le ha ocurrido mejor idea que revolver el avispero nor-atlántico al decir que la derrota de Rusia es necesaria para garantizar la seguridad colectiva y la estabilidad de esa región y, por lo tanto, que no hay que excluir el envío de tropas de combate a Ucrania. La resistencia de la OTAN a reconocer que ha perdido la guerra en Ucrania aumenta la tensión mundial.