En los tres primeros meses de este 2017 el Perú está siendo castigado por dos catástrofes. Una de ellas, moral y política, ocasionada por la repulsiva y escandalosa corrupción de la compañía brasileña “Odebrecht” que ha desnudado la precariedad moral y cívica de la clase política peruana y de la tecnocracia y, la otra, los trágicos desastres a causa de los huaicos y desbordes de los ríos con pérdidas de vidas humanas y destrucción de bienes materiales de la población más pobre del país y originados por “El Niño Costero”.