Michel Temer podría pasar a la historia como un personaje grotesco. Pero resulta que es el presidente de facto de un país como Brasil y entonces lo suyo no es farsesco sino trágico. Al repetir la frase “no voy a renunciar” quizás haya buscado convertirse en un remedo de la primera persona del singular que tiene tradición en Brasil. La usó Don Pedro, el emperador que en 1822 no quiso volver a Portugal y pasó a la historia cuando dijo “eu fico como o povo”, me quedo con el pueblo. Pero Temer no es Don Pedro, 2017 no es 1822 y este Brasil industrial no es aquella colonia esclavista.