Las últimas denuncias sobre la primera dama por la compra de artículos de lujo, cuyo costo no puede justificar con sus ingresos, son un episodio más de un orden político que se desmorona corroído por la corrupción. ¡Qué diferencia entre el candidato Ollanta Humala y su mujer Nadine Heredia en las campañas del 2006 y el 2011 y el Presidente y la primera dama de la actualidad! De aquel militar retirado que expresaba austeridad y energía no queda sino un hombre tímido que no puede explicar los gastos de su mujer.