Entre las tantas estrategias retóricas utilizadas para caracterizar aspectos críticos relacionados con el estado de permanente decadencia en el que se encuentra la sociedad peruana, encontramos una que, en mi opinión, se ha vuelto un lugar común desde hace ya buen rato: la apelación constante a la informalidad o lo informal como ese cajón de sastre, ese recurso ubicuo cada vez que toca buscar culpables. En la orilla opuesta, por supuesto, tenemos la formalidad o lo formal.