El Foro Económico Mundial de Davos 2026 fue, como cada año, el escenario donde las élites globales intentan definir la narrativa sobre el estado del mundo. Pero esta edición dejó en evidencia, más que nunca, la brecha entre el discurso y la realidad.
La inteligencia artificial dominó las discusiones. Los CEO de las principales tecnológicas presentaron visiones optimistas sobre el impacto de la IA en la productividad y el crecimiento. Sin embargo, las preguntas sobre el empleo, la distribución de los beneficios y la regulación quedaron sin respuestas satisfactorias.