Mucho se esperaba que el presidente Pedro Castillo, acechado por una oposición de los partidos y grupos de la derecha radical que pugna por la vacancia y por conflictos sociales que no dan tregua, iba a optar por un giro político cambiando el gabinete de Aníbal Torres por un gabinete de concertación, con ministros conocedores de la gestión pública que recuperen la confianza de la ciudadanía y de los movimientos sociales.