En determinadas coyunturas críticas se trastocan los cimientos de nuestras precarias certidumbres. Son momentos donde los instrumentos de navegación se tornan obsoletos y las explicaciones de los fenómenos dejan sabor a poco. La pista que confirma un nuevo estado de cosas es la transmutación de la crisálida que la acompaña. Cuando eso sucede las definiciones que hasta hace poco generaban repudio generalizado y un considerable costo en el debate público pasan a la categoría de normal e inclusive encuentran un considerable rédito electoral.