Un año después del primer caso de la COVID19, a todos nos queda claro que las capacidades de nuestro sistema de salud para atender la enorme demanda eran insuficientes y, a pesar de los esfuerzos, continúan siéndolo. Décadas de abandono financiero y político nos dejaron con un sistema cuyas principales características se resumen en la precariedad de recursos, la fragmentación, la inadecuada descentralización, débil gestión y los altos niveles de corrupción.
