Hace unos días en Ayacucho vimos cómo la represión se ensañó con una región que ha sufrido tanto la violencia institucional y racista. Puno ha despedido a sus 17 asesinados en una procesión que destroza el corazón de cualquiera que la ve. Y el jueves pasado, Cusco despide a uno de sus líderes con el mismo dolor e impotencia.
