Definir prioridades nunca ha sido una tarea sencilla, y mucho menos cuando se trata de cuestiones relacionadas con la salud. Sin embargo, la cruda realidad se impone y nos obliga, tarde o temprano, a establecer prioridades, ya sea de forma explícita o implícita.
Con el objetivo de asegurar el máximo de los derechos a la salud posibles, mejorar el bienestar y protegernos contra el riesgo de enfermar y la muerte prematura, las sociedades hemos desarrollado sistemas especializados conocidos como sistemas nacionales de salud.