La historia económica enseña una verdad incómoda: quien controla la energía controla una parte sustantiva del poder mundial. En el siglo XX, el petróleo estuvo detrás de guerras, alianzas militares, golpes de Estado, rutas marítimas, corporaciones gigantescas y estrategias imperiales. En el siglo XXI, esa disputa no ha desaparecido; se ha sofisticado.
