El mensaje presidencial del 28 de julio de PPK es una pieza oratoria para el olvido.
Pese a la animada caminata que la precedió, entre la casa de Pizarro y el congreso o el sincronizado saludo de los soldados alineados a lo largo del camino, la gente estaba en otra, cero entusiasmo. Como si sospechara de la inutilidad de la cansina lectura de páginas y páginas de retorico lenguaje oficial, atrapado en las concesiones urdidas en papel de proyecto de ley, durante el encuentro con su virtual cogobernante naranja.
