En 1992, después del autogolpe, con el entusiasta concurso de abogados empresariales antidemocráticos, Fujimori ideó un sistema para eliminar los sindicatos y con ello el diálogo dentro de la empresa y las entidades del Estado. Una legislación laboral al gusto de sus clientes para acabar con la poca democracia existente en el ámbito laboral. Se trató de un sistema de relaciones de trabajo de imposición vertical y autoritario a través del cual se despidió sin causa a decenas de miles de trabajadores y de dirigentes sindicales.