A pocos días de haberse presentado una secuencia repugnante en un programa televisivo, que condicionaba a una escolar a comer un plato de inmundas cucarachas a cambio de pasajes para un viaje de promoción, es posible ubicar meridianamente la polarización que recorre nuestra sociedad entre quienes, nadando contra la corriente, insistimos en defender a la educación como un Derecho Humano Fundamental y los que la entienden y manejan como una mercancía susceptible de ser alquilada o vendida a gusto del cliente.