Uno de los más claros y precisos diagnósticos sobre los sucesivos fracasos del Perú como Estado-nación es el que nos legó el gran historiador Jorge Basadre. En efecto, la guerra del Pacífico desnudó las carencias y limitaciones de un país asentado en lo que llamó “el Estado empírico y el abismo social”. Desde entonces, mucho hemos avanzado, pero en lo que al Estado respecta se siguen manejando las instituciones en función de intereses particulares y no, como reza el principio jurídico, por la naturaleza de las cosas.