El domingo, en España, las izquierdas vivimos una noche dura. Oscura. Una noche de derrota. En la elecciones autonómicas y municipales el mapa del país se pintaba de derechas mayoritariamente. Los gobiernos municipales y autonómicos gobernados por bloques progresistas, salvo contaditas excepciones, eran perdidos. El Partido Popular (ex derecha conservadora) entraba con fuerza en todos, pero la clave principal no era esa. En la gran mayoría necesitaba del apoyo del fascismo para gobernar.