Milan Kundera es, antes que un escritor, un notable pensador. En su reciente libro, La fiesta de la insignificancia, le rinde un homenaje y define a la insignificancia como la esencia de la existencia.
La referencia a esta aguda reflexión de Kundera la hago porque quiero tratar acerca del funcionamiento de nuestro parlamento, uno de los órganos centrales para garantizar la vigencia del sistema democrático. Y lo quiero hacer seriamente, pero con sentido de realidad.