La reciente renuncia a la cartera del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, que tenía a su cargo el vicepresidente Martín Vizcarra, es acaso otro casillero entre los varios que ya avanzó el fujimorismo en el mapa donde está desplegando el poder que detenta. Es una nueva pieza de ese rompecabezas variopinto que están construyendo con paciencia desde el 2001 después de haber quedado gravemente heridos, pero no muertos.