Corría el mes de agosto de 1994 y mientras Alberto Fujimori recorría todo el país inaugurando obras y regalando cosas con dinero del Estado, perfilando su indudable camino a la reelección cocinada con un cambio constitucional tras un autogolpe en 1992, el exsecretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar anunciaba -con un perfil bajo y acompañado de los pocos medios que aún no se habían plegado a la collera fujimorista- que iba a postular a la presidencia de la República en las elecciones de 1995.