Un país puede tener ministerio, leyes, planes, seguros, hospitales, redes integradas, historias clínicas electrónicas, comisiones, consejos y mesas de trabajo.
Y, aun así, carecer de un verdadero sistema de salud.
El Perú vive esa paradoja. En este siglo, el Estado amplió derechos, rectoría, aseguramiento, supervisión, redes, salud digital y diagnósticos que, en muchos casos, son técnicamente correctos. Pero confundió, demasiadas veces, producir normas con construir poder público.