Antauro Humala es un mal político y un pésimo estratega; lo demostró primero con la excursión militar por los páramos de Moquegua con un grupo de soldados que lo vendió como insurrección que nadie entendió ni apoyó; luego con la intentona de asaltar una comisaría en Andahuaylas que, según él, desencadenaría la caída del gobierno del recientemente elegido Alejandro Toledo, que terminó en fiasco fatal y con él preso.