La elección presidencial del 3 de noviembre en Estados Unidos tiene un significado histórico no solo porque se presenta la oportunidad para conciliar una sociedad crispada y extremadamente polarizada —el mayor legado del presidente Trump— sino porque su obsesión por mantenerse en la Casa Blanca, podría producir una ruptura del orden institucional en ese país. Con el irrespeto a la institucionalidad y el desprecio por la verdad que caracterizan al presidente, este se autoproclamó ganador en la noche del día de la elección, cuando había decenas de millones de papeletas sin contar.