Cuando Jaime Bayly escribió en diciembre del 2010 la anécdota de la “plata llega sola”, Alan García no pudo desmentirlo porque no sabía si la conversación que sostuvo con el periodista había sido grabada o no. Hábilmente, respondió recontextualizando su célebre frase para tratar de alejarla de la mañosería y del dinero mal habido. Al menos no quedó como mentiroso.
