El Perú cuenta con uno de los potenciales más altos de América Latina en energía solar, eólica e hídrica. Sin embargo, la matriz energética sigue dominada por los combustibles fósiles, y la inversión en renovables avanza a un ritmo insuficiente para cumplir los compromisos climáticos.
La paradoja es evidente: mientras el discurso oficial habla de transición energética, las decisiones concretas favorecen la expansión de la frontera de hidrocarburos. Los lotes petroleros en la Amazonía, los proyectos de gas natural y la resistencia a modificar la estructura tarifaria revelan las prioridades reales.
El mercado eléctrico peruano, reformado en los años 90 bajo el modelo neoliberal, no fue diseñado para incorporar masivamente las energías renovables. La experiencia de Chile muestra que el cambio es posible cuando hay voluntad política y marcos regulatorios adecuados.
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