Un frente antifujimori

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Por: 

Carlos Bedoya

Cuando le dijeron a Ollanta Humala que podía perder su base social de cara a las elecciones del 2011, con la moderación que había hecho de su discurso desde el saque, él respondió muy suelto de huesos: “a los radicales los tengo en el bolsillo” mostrando su intención de atraer los votos del centro que lo apoyaron en la segunda vuelta del 2006.

Y aunque en los primeros meses del 2011, las encuestas no le favorecían y parecía que no pasaba a segunda vuelta, obtuvo al mismo 31 por ciento de la primera vuelta del 2006 y nuevamente se fue al balotaje. No consiguió al centro en primera instancia, pero al menos volvió a aglutinar a todos quienes aunque mordiéndose los labios por el polo blanco de un Ollanta aggiornado, no tenían otra opción electoral en el campo nacional-popular.

Recuerdo haber escuchado a un político puneño decir en ese contexto: “aunque se ponga polo blanco, yo sé que tiene el calzoncillo rojo”, interpretando el giro de Humala como la táctica necesaria para llegar al poder. De hecho así lo entendió el resto. Y aunque la historia reciente mostró que ese fue el inicio de un giro mucho mayor que hizo de Humala un mero continuador de las políticas de los últimos 25 años, la operación de su campaña electoral apuntaba claramente a convocar nuevos sectores.

Y esa es la misma operación política que ha empezado Keiko Fujimori con su discurso en Harvard de cara al 2016, aunque el asunto aquí es más complejo, porque además de ir por todo lo que pueda del voto de la segunda vuelta de junio del 2011, la Sra. Fujimori debe además promover que se fragmente ese tercio electoral que está buscando a un radical del cambio. Claro que en esa tarea tiene el apoyo de la prensa concentrada.

Lo que seguiría es una plancha presidencial y lista congresal sin los dinosaurios  del gobierno de su padre (Chávez, Aguinaga, Salgado, etc.) que aún operan como dirigentes de la primera línea del fujimorismo. Con eso no va a perder a su electorado más conservador, como no lo hizo Humala con su voto más radical en 2011, y más bien se podría ganar apoyos como el de Rosa María Palacios y otros caviares de derecha.

En medio de esta movida keikista, la izquierda también está ayudando de alguna manera. Primero porque no mueve nada de la coyuntura nacional. Esta distraída en un inútil debate endógeno de quién es más izquierdista, quien no es de izquierda, quien es más democrático, o más puro, o más oportunista, con quien me junto, con quien no, quien tiene el candidato, etc. ¿Cómo si el problema del Perú tuviera algo que ver con el problema de las izquierdas peruanas?

Es triste, pero nuestra izquierda está off side hasta el momento de la política. Para muchos que tienen la responsabilidad del ahora en ese campo, no importa que se requiera a gritos un acuerdo electoral para enfrentar al fujimorismo en el 2016. Espero que ahora que Verónika Mendoza ha ganado la inscripción del Frente Amplio, no se deje presionar por sectarismos y promueva la conformación de un frente grande, una especie de Gana Perú sin Humala, con UNETE, el BNP y más, convocando a todo lo que pueda del antifujimorismo que se expresó electoralmente en el 2011. 

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