Un balance que oxigena a Petrobras

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Darío Pignotti- Pagina/12

La auditoría de las actividades de la compañía en 2014 recibió un voto de confianza del poder financiero, en medio del escándalo por corrupción. Las acciones de Petrobras se valorizaban y la presión sobre Dilma Rousseff disminuía.

Dilma aplaca la tempestad. El balance presentado por Petrobras fue bien recibido ayer por el mercado, donde subieron las acciones de la petrolera salpicada por denuncias de corrupción sobre las que cabalga la oposición –dividida entre ultras y moderados– para forzar un juicio político contra la presidenta.

Los papeles ordinarios, con derecho a voto en las asambleas, se valorizaron el 5,6 por ciento en la Bolsa de Valores de San Pablo un día después de que el titular de la compañía, Aldemir Bendine, presentara un balance auditado, exigido por accionistas privados, sobre las actividades de 2014. Entre los que más presionaron para la auditoría están los accionistas norteamericanos que movieron una demanda ante un tribunal de Nueva York.

Los números de Petrobras fueron divulgados por Aldemir Bendine en la noche del miércoles, luego del cierre de la Bolsa paulista, que sólo ayer se “pronunció” positivamente. Bendine expresó su “vergüenza” ante los sobornos recibidos por ex ejecutivos de la empresa que redundaron en pérdidas por 6194 millones de reales, unos 2000 millones de dólares, y anunció la decisión de tomar medidas drásticas para impedir nuevas irregularidades.

En total, el rojo de Petrobras en 2014 ascendió a 21.587 millones de reales, redondeables en 7 mil millones de dólares, resultante de varios factores, incluso la baja abrupta del barril de crudo.

En una primera lectura, esos guarismos no debieran entusiasmar a los privados, ávidos de ganancias altas e inmediata.

Si bien el reporte de Bendine anunció que debido al saldo negativo no habrá reparto de dividendos, al mismo tiempo adelantó la venta de activos y, esto no lo dijo pero trascendió, se estudia la incorporación de más ejecutivos del mercado a la dirección colegiada de la empresa estatal de capital abierto.

Con más agentes privados en la mesa chica de la mayor compañía brasileña crece la posibilidad de torcer las políticas estatistas y nacionalistas implementadas por el Partido de los Trabajadores durante los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Fue ella, siendo ministra de Lula, quien diseñó el nuevo marco regulador petrolero, detestado por las petroleras extranjeras debido a las atribuciones concedidas a Petrobras sobre las inmensas reservas enterradas a más de 5000 metros de profundidad, en la zona geológica llamada “presal”, próxima a Río de Janeiro y San Pablo.

Son igualmente indigestas, para ese sector privatista, las políticas del “compre nacional”, que obliga a adquirir equipamientos y plataformas en Brasil, y de construcción de refinerías, con el propósito de exportar gasolina y derivados, en vez de crudo como ocurre en la actualidad.

Resumiendo: en la intrincada relación que traban el poder político y el mercado, los anuncios del gobierno (el jefe de Petrobras Bendine es un funcionario designado por Dilma) recibieron un voto de confianza provisorio, sin que esto selle una alianza permanente.

A través de la suba de los papeles de la compañías en la Bolsa los accionistas mitigan su presión sobre Dilma.

Claro que mantienen viva su ambición de que sea reformada la legislación: especialmente para permitir a las norteamericanas Chevron y Exxon (respaldadas por lobbystas en el Congreso) recuperar el terreno perdido a manos de Petrobras.

Oposición

El Partido de la Socialdemocracia Brasileña, de Aécio Neves y el ex mandatario Fernando Henrique Cardoso, y no el PT, es el que goza de la simpatía de los dueños del dinero y las transnacionales petroleras.

Neves, ex candidato presidencial en 2014, reiteró la necesidad de “reformar” Petrobras y su bloque presentó un proyecto en el Senado para limar la presencia en los codiciados yacimientos del “presal”.

Esa reforma regresiva propuesta por el PSDB (desestatización parcial o total) se escuda en las maniobras dolosas que causaron pérdidas millonarias y desgaste de la imagen de Petrobras. Y de allí saltan al pedido de impeachment contra Dilma invocando imaginarias complicidades con los ex gerentes de la petrolera sobornados por las grandes empresas constructoras.

Dilma comienza a recuperar la iniciativa política luego de tres meses a la defensiva ante la hostilidad del PSDB, los grandes medios y funcionarios del Poder Judicial. Mientras las acciones de Petrobras se valorizaban, ella se reunía en el palacio presidencial con Ben Van Beurden, CEO de la gigante anglo holandesa Shell, que acaba de adquirir a British Gas.

El ejecutivo aceptó las actuales reglas de juego, es decir, el marco regulador del petróleo, y prometió nuevas inversiones en el “presal”, pues se ha establecido “una relación muy fuerte y muy abierta con Petrobras”.

Ayer fuentes del PT mostraron un contenido optimismo ante la repercusión positiva del informe de Petrobras en la Bolsa y las “torpezas de la oposición buscando como locos que haya un impeachment”.

“El sector de Aécio (Neves) está jugando con todo contra Petrobras y a dar el golpe ya contra Dilma. Y hay otro bando ‘tucano’ (apodo socialdemócrata) más cerebral, el de Fernando Henrique (Cardoso), que está proponiendo desangrar a Dilma de a poco, pero no quieren el impeachment ya”, describe uno de los petistas consultados por Página/12 en un despacho de la Cámara de Diputados.

Aun así no se confían demasiado: saben que las buenas noticias son un “respiro importante para el gobierno y para el PT” antes de que la derecha lance nuevas embestidas golpistas.

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