Tamshiyacu: No es cacao, es acaparamiento

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Por: 

Francisco Pérez García

Ruperto Vásquez, es un agricultor de la zona de Tamshiyacu, localidad ubicada en el distrito de Fernando Lores, provincia de Maynas, Loreto. Posee una propiedad de 20 hectáreas donde cultiva yuca, plátano y tiene algunas plantas de caoba que luego son vendidas por él. 

Su vida, como agricultor lo llevó a ser dirigente social e incluso candidato a la alcaldía de Fernando Lores. Su vida transcurría entre su chacra, su pequeño comercio y el activismo social. 

Sin embargo, esa aparente calma que desde hace 55 años llevaba, fue trastocada cuando una empresa le trajo una oferta que -en teoría- no podía rechazar: Cinco mil soles por la venta de sus 20 hectáreas para que sus tierras sean arrasadas y se utilicen para otro tipo de sembrío más rendidor: el cacao. 

United Cacao, a través de su sucursal peruana Cacao del Perú Norte S.A.C, fue la industria que le ofreció la “oportunidad de su vida”, minimizando el costo real del terreno y cuando la respuesta fue negativa, el mecanismo de la coacción se convirtió en una norma: “Si no me vendes, te vas a lamentar. Te vamos a denunciar ante las autoridades para quitarte tu terreno.”, detalla Vásquez al contar su versión sobre este hecho. 

Acaparamiento de tierras 

Este testimonio junto a otros que han preferido el anonimato para evitar mayores represalias, forman parte de la publicación “Acaparamiento de tierras en la Amazonía peruana: el caso de Tamshiyacu”, del investigador Juan Luis Dammert donde se analiza, desde esta experiencia, las diversas modalidades de acceso a las tierras y la deforestación de bosques. 

El texto que cuenta con el apoyo de OXFAM y la Wildlife Conservation Society (WCS) revela que la empresa United Cacao ha adquirido casi 3985 hectáreas en la zona de Tamshiyacu y ha deforestado alrededor de 2 380 hectáreas de bosque para destinarlas a una plantación de cacao.

Para saber más del estudio, mira el video de la entrevista a Juan Luis Dammert aquí

Al respecto Dammert señala que la dinámica de acaparamiento de tierras tiene un “afán especulativo para conseguir la mayor cantidad de tierras en el menor tiempo posible pues éstas subirán de precio en un corto plazo”. 

Asimismo, asegura que este proceso “le saca la vuelta” al proceso legal para la compra de tierras. “Los predios titulados son para pequeños productores, pero lo que se hace es comprar y juntar estos predios para desarrollar grandes producciones en zonas boscosas”, afirma el investigador. 

El caso de United Cacao es una muestra más de “malas prácticas empresariales y serias deficiencias estatales para regular las diferentes modalidades de acceso a la tierra”. En diálogo con Otra Mirada, Dammert señala que el caso es interesante porque no se trata de una propuesta presentada ante el Estado con un estudio de impacto ambiental y otros trámites, sino que es un trato directo con los campesinos y que en algunos casos se creían con la autoridad de ejecutar una plantación sin mayor permiso estatal. 

United Cacao la “buena de la película”. 

En su página web United Cacao, empresa de capitales estadounidenses con propiedades incluso en guaridas fiscales, y que cotiza en la Bolsa de Valores de Lima, despliega toda una imagen de apoyo a la comunidad de Tamshiyacu e incluso aseguran que el desarrollo llega a la zona gracias a su acción. 

Señalan que “A través de su subsidiaria operativa de propiedad absoluta, Cacao del Perú Norte S.A.C. (en adelante, CDPN), el Grupo aspira a convertirse en el productor corporativo de cacao más grande del mundo y de más bajo costo al completar la siembra de las 3,250 hectáreas que forman parte de su patrimonio en 2017. Adicionalmente, el Grupo ha iniciado, en las 3,250 hectáreas adyacentes, una iniciativa de siembra con pequeños agricultores denominado Programa Alianza Producción Estratégica Cacao (“PAPEC"), con las comunidades locales, con las que busca completar la siembra para el año 2021 y con lo cual el proyecto alcanzará 6,500 hectáreas.”

Sin embargo, para Ruperto Vásquez y otros campesinos la historia no es tan propia de un cuento de hadas.  Tal como se relata en el libro: 

“La empresa misma le dice –según su versión– que “por las puras está sembrando si igual va a perder su tierra”. Vásquez explica que en la zona lo que hay son bosques primarios, aunque la madera comercial ya fue extraída. Hacen agricultura en una hectárea por unos años, luego dejan que se “empurme” y pasan a otra zona y así sucesivamente. No es una explotación masiva, sino que se va realizando de acuerdo con su capacidad económica.

De acuerdo con Ruperto Vásquez, la empresa está pidiendo la anulación de las constancias de posesión, aduciendo superposición con sus terrenos. Vásquez no quiere vender su terreno. Originalmente tenía 20 hectáreas y ahora le quedan 17, ya que perdió 3 hectáreas a manos de la empresa que taló la parte de atrás de su predio. Al momento de renovar su certificado de posesión, materialmente no podía acreditar la posesión de esas tres hectáreas por lo cual su renovación solo fue de 17 hectáreas.”

Pese a ello existe un movimiento social que está tratando de exigir respeto y poner a las autoridades de parte de los agricultores, toda vez que desde el gobierno nacional mirar al lado es la opción y desde el gobierno regional la indiferencia es total. 

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