Se necesita democracia en la economía

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Por: 

Pedro Francke

La huelga médica sigue, la ciudadanía demanda una solución a la misma por la justeza de los reclamos y por su derecho a la salud, pero el MEF no se inmuta. Miles de arequipeños marchan por las calles por el recorte del canon, que en Espinar llega hasta el ¡92 por ciento del presupuesto! que el propio MEF aprobó, pero el ministro Castilla no asume responsabilidad alguna ni propone ninguna solución. El manejo económico claramente está divorciado de la democracia, del clamor de la calle y también de las autoridades electas en regiones y municipios.

Son nuevas manifestaciones de un problema que ya viene generando hartazgo en la ciudadanía. Las protestas contra la repartija mostraron el descontento ciudadano con arreglos políticos en las alturas. Pero aunque se discuten algunas alternativas en los medios, en el caso de la política económica, la respuesta de los grupos dominantes sigue basada en dos ideas centrales: que la política económica neoliberal es exitosa y que se la debe aislar del “ruido político”.

Tales ideas están instaladas desde el fujimorato, y la transición democrática las mantuvo intactas. Parece no importar que junto a un crecimiento vulnerable tengamos una enorme desigualdad económica y un deterioro de los derechos sociales.

La política económica no se mantiene solo “al margen” de la democracia, se mantiene EN CONTRA de ella. Si algo caracterizó a Ollanta Humala entre el 2005 y el 2011 fue criticar la política económica y proponer revisar los TLCs, establecer el impuesto a las sobreganancias mineras, afirmar que “el agua está antes que el oro”, restablecer derechos laborales, para que llegado al gobierno traicione todo eso en pocos meses.

Ollanta no fue el primero, ya que antes tanto Toledo como Alan García habían prometido cambios en la política económica que no cumplieron, pero Humala si fue el más radical en su propuesta original y en su giro posterior. La democracia quedó vaciada de contenido; la ciudadanía votó por una política y nos enyucaron otra.

Para nuestros liberales criollos, sin embargo, eso no importa. Que un elemento fundamental de la orientación que se le da a de nuestro país se haga en contra de la opinión de la gente, no importa: basta que haya votaciones cada 5 años y nada más. Se busca sustentar este atentado contra la democracia promoviendo la idea de que la economía es algo “técnico” y debe dejarse  a los especialistas decidir la política económica. Pero así como la guerra es algo demasiado serio como para dejársela a los militares, algo similar pasa con la economía: es esencialmente política. Con las medidas económicas se decide quién gana y quien pierde, que comportamientos premiamos, que rumbos trazamos para nuestro futuro como país. 

Otro de los resultados de este comportamiento es que nuestros gobernantes terminan desgastados y repudiados por la opinión pública, que el Congreso no recibe ningún respaldo ciudadano y que, como muestran las encuestas de Latinobarómetro reiteradamente, a pesar del crecimiento económico la ciudadanía peruana se encuentra entre las más desafectas a la democracia de América Latina. La explicación básica de este serio problema de la democracia peruana se puede resumir en la famosa frase de campaña de Bill Clinton: “Es la economía, estúpido”.

La política económica es demasiado importante para ser decidida entre cuatro paredes; la democracia tiene que decidir sobre ella. Luis M. Castilla debe dejar de ser el gran poder real bajo la sombra, y someterse a la voluntad ciudadana.

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