Señor Presidente, ¿Qué reforma sanitaria propone?*

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Por: 

Susana Chávez

Hace algunas semanas la Ministra de Salud anunció la reforma sanitaria. Dos cosas llamaron la atención: que estuviera respaldada con una resolución suprema y que fuera el Consejo Nacional de Salud la institución encargada de su formulación, lo que abre un campo de debate interesante.

Sin embargo, esto no debe hacernos olvidar que en Perú ha habido varias reformas que han aportado al entramado sanitario que hoy tenemos: desarticulado, caótico, inequitativo y sobre todo, con más gasto de bolsillo. Este resultado no es casual, ni está disociado de las bases que sentó Fujimori con la Reforma del Estado, reforma bajo la que también se impulsó el programa de esterilizaciones forzadas a fin de bajar la presión de tanto pobre y, así, poder introducir un mercado sanitario rentable para el sector privado. Hoy podemos ver negocios de salud concentrados en las siete provincias más grandes en donde los derechos de los y las usuarias, no están ni en la letra chica de los contratos. En el resto de provincias (185), donde la prosperidad no circula, la presencia del Estado apenas se nota con servicios de salud desfasados de las necesidades de la gente.

Las reformas que impulsó Fujimori (cuyos añadidos especialmente durante el Gobierno del APRA han ido cerrando candados) no fueron una invención nacional, sino un mandato del modelo económico del Consenso de Washington, lo que se tradujo en la liberalización del mercado en salud, la tendencia de la privatización del bien público y su pauperización. Treinta años después podemos decir que el modelo de mercado de la salud no ha funcionado para la mejora de la salud y dudo muchísimo que el escaso financiamiento en salud asignado haya sido la clave del éxito económico, tal como nos quieren hacer creer algunos. Lo real es que si bien hay una mayor variedad de servicios esto no ha servido para estar saludables, sino para imponer gastos muchas veces innecesarios.

Estas reformas tampoco han funcionado para fortalecer la llegada del Estado a los más pobres, que bajo el supuesto de la eficiencia propuso la focalización, y mucho menos ha servido para cumplir con el rol de regulación: hoy no sólo tenemos los servicios de salud insuficientes y muchas veces malos, sino también los más caros, si se comparan con otros países de región.

El saldo es que a 30 años de modelo sostenido, los principales ganadores son los consorcios de las clínicas, las compañías de seguros, las farmacéuticas y los negocios de laboratorios chicos y grandes mientras que, en términos de resultados sanitarios, los avances son mínimos: la tasa de muerte materna sigue siendo alta, la mayoría de mujeres dispone de muy pocas opciones anticonceptivas, tenemos una altísima letalidad del cáncer por diagnósticos tardíos, no hay acceso a la salud mental, etc.

Sin duda, el anuncio de reforma es importante, pero es mucho más que el Presidente diga que reforma espera.  Si es para acentuar el ya conocido sistema o recuperar la misión del Estado que debería ser proveer el acceso universal a la salud y la revitalización del sistema sanitario que supere la mala calidad y la odiosa estratificación, que hace inviable la inclusión social.

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