San Marcos: educación pública y derecho a la ciudad

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Por: 

Alejandra Dinegro

Setiembre, el mes de la juventud, se acaba y varios sucesos importantes de nuestro país y del mundo, vienen teniendo como actores principales, a los jóvenes. Desde la marcha mundial por el cambio climático hasta la protesta local de los estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

El revuelo mediático que ha causado, la Decana de América, en estas últimas dos semanas ha sido producto de la manifestación de la comunidad universitaria liderada por estudiantes de entre 18 y 20 años. La causa de la protesta ha sido consecuencia de las declaraciones del rector, Orestes Cachay, al afirmar que estaría dispuesto a ceder 9,500metros cuadrados del predio universitario paraconcluir la construcción del by-pass en la avenida Venezuela. La misma que lleva 12 años sin encontrar solución.

La realidad de la universidad pública, es el reflejo de lo que somos, en parte, como sociedad. Ya sea por la multiculturalidad, realidades socioeconómicas, diversidad étnica, creencias, dialectos y prácticas sociales diversas, entre otros aspectos como los sueños, aspiraciones, metas y carencias. Y San Marcos es el más claro ejemplo de ello. Además de ser símbolo de prestigio académico, antigüedad y sobretodo, de ser un referente popular. Por lo tanto, incómoda para ciertas élites.

A raíz de este conflicto, que tiene doce años sin solución, San Marcos ha colocado, sutilmente, dos temas en la agenda nacional, de suma importancia, que considero ahondar en ellos. Estamos hablando del derecho a la ciudad y junto a ello, el derecho de tener transporte público que priorice al peatón por encima de los vehículos. Y, así mismo, interpela la lógica del academicismo puro sin capacidad crítica en la que quieren encasillar a la universidad pública. 

Respecto al primer punto, diversos especialistas urbanos y de gestión municipal, han sostenido que no existe ninguna justificación para que la Comunidad Universitaria de la Decana de América ceda 9,500 metros cuadrados a un proyecto que no prioriza el transporte público ni con la pretérita intención de la oreja vial ni con un, presente o futuro, intercambio vial. Y que, por el contrario, los únicos beneficiados serían todos aquellos que se trasladen en vehículos privados, mientras que la mayoría de la comunidad universitaria se moviliza en transporte público.

Sin embargo, considero que en estos doce años de obras inconclusas y de insostenibles canales de diálogo y participación ciudadana, la habilitación urbana que no posee San Marcos, seguirá siendo un problema futuro. En algún momento, la Universidad tendrá que iniciar ese proceso que es totalmente ineludible, y por lo tanto tendrá que realizar aportes reglamentarios: terrenos que se tienen que dar a la ciudad (para parques, escuelas, vías, etc.). La misma que puede hacerse mediante esta vía o la vía económica. 

Otro detalle es que los aportes no deban ser mal aprovechados con obras no adecuadas para el beneficio de población. El detalle es que nos han mal acostumbrado a tener una ciudad de cemento en el que la lógica del “roba, pero hace obra” es el referente en la construcción de obras públicas. Haciendo eco de la oportunidad que perdimos, en estos doce años, la actual gestión del alcalde Jorge Muñoz, debe centrarse en las personas. Que no solo quede en el recuerdo de un slogan de campaña, sino que concretice la integración de la Decana, a su vecindario. 

El conflicto abre a la vez una vertiente de posibilidades, ¿nuestras autoridades estarán a la altura de no desaprovecharlas, ahora?

Y, por otro lado, la educación pública debería dotar a los futuros profesionales, con herramientas eficaces para poder enfrentar las condiciones de vida y no solo prepararnos como piezas de cambio, en el mercado. Conocimiento puro sin sensibilidad social nos trae como consecuencia autoridades corruptas, profesionales sin sentido común y jóvenes sin capacidad crítica. ¿Es esa la clase de generación que quieren para el bicentenario? 

La lógica del academicismo puro sin vincularnos con la realidad trae como consecuencia generaciones sin capacidad de protesta y de indignación. Nos han hecho creer que, si hablamos de política en las aulas, estamos faltando a nuestros deberes como estudiantes, que esa actividad es solo de un grupo de iluminados porque la población no sabe lo que es el bien común. Y ¿qué hemos conseguido al desvincularnos de la política? 

Perdonen la dureza, pero querer bloquear la capacidad de crítica y el derecho a réplica de los estudiantes universitarios, ha servido para estigmatizar a quienes promueven una lógica de organización social democrática, de iniciativa ciudadana, de vinculación con la política de nuestro país. Por eso que estudiar en San Marcos, es decidir no agachar la cabeza, de incomodar a las autoridades y de defender su derecho a la participación y propuesta ciudadana. Es de por sí un hecho político. 

El mensaje de estos días es que se pueden ampliar las bases sociales de la ciudadanía, para que podamos intervenir en los asuntos públicos. Lo poco de público que queda en el país debe ser defendido, con la misma ferocidad con la que defenderíamos nuestra casa. 

En San Marcos no se pide más de lo que se pueda dar.

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