Regreso de Atenas

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Eric Calcagno* Página/12

Para algunos, ir a Grecia es hacer el paseo por las islas, como el símbolo de status correspondiente a la muestra de poder que da el dinero; significa llegar allí donde pocos llegan, más si vienen de la Argentina. La célebre isla de Santorini queda entonces para muchos otros tantos como el escenario de Mediterráneo, dirigida por Gabriele Salvatores y ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en 1991. Una joyita, por cierto, de las que no abundan. Sin embargo, existe otra categoría de “happy few” que no entra en el turismo esnob, donde “el lujo es vulgaridad”. Ni en ningún otro. Consiste en ir a Grecia por razones políticas.

Así es como me encontré con el mensaje de Zoe Konstantopoulou, diputada de Syriza y presidente del Parlamento griego, que me invitaba en mi calidad de presidente de la Comisión Bicameral Permanente de Investigación del Origen y Seguimiento de la Gestión y del pago de la Deuda Exterior de la Nación (Ley 26.984), con el objetivo de explicar las misiones y funciones de la comisión; cuáles son nuestras metas y cuál nuestro método de trabajo. Hablar, también, de la política de desendeudamiento que sigue la Argentina desde 2003, los logros obtenidos y los obstáculos a superar, como el grupo de tareas de los buitres.

Resulta que el gobierno griego estableció desde su Parlamento una Comisión de la Verdad sobre la deuda helena, cuya coordinación técnica es ejercida con su habitual solvencia y prestigio por Eric Toussaint, que dirige además el Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. No se trata de un ejercicio baladí, sino de una decisión política importante para la política de Tsipras.

Recordemos, al menos con rapidez, que la crisis griega se origina por los préstamos, negocios y negociados que bancos europeos, sobre todo franceses y alemanes, realizaron con las administraciones griegas anteriores, tanto conservadoras como social-demócratas, o mejor deberíamos decir con liberales de derecha o liberales de izquierda. Pero siempre liberales. Las “pingües ganancias” obtenidas en un modelo de valorización financiera a la moda del Egeo, con Europa y Euro, llevó a la insolvencia a Grecia.

Frente a la crisis, las autoridades europeas, que es el seudónimo utilizado por la Bundesbank en la sociedad política, decidieron salvar a los bancos sobreexpuestos por la crisis de insolvencia, con la que siempre terminan los sistemas de valorización financiera, con el envío de dinero a Grecia para que les pague a los bancos. La deuda así generada pasa a ser del conjunto del pueblo. Nada nuevo bajo el sol: sólo asistimos a esos momentos donde la crisis económica inherente al sistema permite la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas. Porque el contubernio liberal antes gobernante aceptó las condiciones que salvaban a los bancos, tomaron el dinero enviado a tal fin por Europa y aceptaron las condiciones. Que son las condicionalidades habituales: recorte del gasto social, privatizaciones y ajuste.

Pero ganó Syriza. Presentado como la izquierda más extremista, el partido de Tsipras pudo alcanzar la mayoría parlamentaria a través de una alianza con los Griegos Independientes, cuyo líder, Panos Kammenos, ocupa el cargo de ministro de Defensa. Es un partido presentado como una derecha dura, aunque prefieren definirse ellos mismos como de centroderecha. Kammenos está personalmente involucrado en el estudio de la deuda griega (175 por ciento del PBI), cuya anulación reclama y que, como ministro de Defensa, recibió a la Comisión de la Verdad para dar su opinión y señalar, de paso, que la venta de armas de Alemania a Grecia durante los gobiernos anteriores estaba flojísima de papeles. El informe preliminar presentado por esta Comisión de la Verdad impulsada por el Poder Legislativo arroja una luz reveladora sobre las circunstancias del endeudamiento griego.

“Cinco años después del comienzo de los programas de ajuste –empieza el texto–, el país sigue hundido en una grave crisis económica, social, democrática y ecológica (...) La deuda, en nombre de la cual nada ha sido ahorrado a la población, queda como el dogma que permite imponer un programa de ajuste neoliberal que se acompaña de la más profunda y más larga recesión jamás conocida por Europa en tiempos de paz.” “Esta deuda –continúa el informe– proviene esencialmente del pago a los acreedores de tasas extremadamente altas, de gastos militares excesivos e injustificados, de pérdidas fiscales debidas a la fuga ilícita de capitales, del costo de la recapitalización de la banca privada por el Estado y de los desequilibrios internacionales provocados por las lagunas inherentes al modelo de la Unión Monetaria.”

“La adopción del euro generó en Grecia un aumento drástico de la deuda privada, a la cual estuvieron expuestos los grandes bancos privados europeos así como la banca griega. Tomando amplitud, la crisis bancaria desembocó en una crisis de la deuda soberana griega. En 2009, acusando la deuda pública e inflando el déficit, el gobierno de George Papandreu presentó como una crisis de la deuda pública lo que era en realidad una crisis bancaria.” Se prepara la privatización de ganancias y la socialización de las perdidas. Porque lo que lograron los gobiernos de Papandreu, liberal de izquierda, y de Samaras, liberal de derecha, que lideraron el ajuste desde 2009 fueron varios elementos.

El primero es acordar el salvataje de los bancos privados griegos y europeos (sobre todo alemanes y franceses) y permitir reducir su exposición en Grecia. Luego, los fondos prometidos por la Unión Europea a cambio del ajuste griego fueron a parar en su mayoría de modo directo a los bancos; en lugar de ser instrumentos presupuestarios del propio país, sirvieron para acelerar el programa de privatizaciones. No sólo eso: en tercer lugar los condicionamientos impuestos por las autoridades europeas empeoraron de modo sustancial las condiciones de la deuda griega, hasta 175 por ciento del PBI, haciéndola impagable desde cualquier punto de vista económico.

El informe preliminar revela además otros aspectos, ignorados por la prensa bienpensante, a punto que ya más que liberales parecen ignorantes Y son contundentes para sostener la criminalidad de la deuda griega. Los préstamos del FMI fueron consentidos en violación de los propios estatutos del Fondo; la deuda hacia el Banco Central Europeo impuso condicionalidades que exceden su mandato, como medidas macroeconómicas tales como la flexibilización laboral y facilitó la nacionalización de las deudas que tenían los bancos privados. Los préstamos bilaterales fueron también usados para salvar a los acreedores privados de Grecia, sin consideración alguna por sus consecuencias reales. Ya no se pueda hablar de ignorancia, sino de interés. Y no dirigido al Bien Común, del cual tanto presumen los dirigentes europeos contra Grecia, sino en la más cerrada defensa de sus intereses financieros.

¡Y pensar que hubo una Europa de Adenauer, De Gasperi, Spaak, De Gaulle!

Hoy, esa vocación de servir al bien común en política se encarna en Tsipras. Más que en Merkel, sin ser demasiado exigentes, y enfrente de las condiciones de quienes presidieron al saqueo de su propio país. Frente a la cerrazón negociadora del Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea, Tsipras asume la responsabilidad de convocar al pueblo a votar y decidir. Sale del engaño de quienes sostienen que si no se acepta el “diktat” de la troika no se quiere negociar; lleva al campo político un asunto de apariencia técnica: se llama democracia (una palabra griega). Para la “troika, destruir a Grecia es garantizar los negocios que apañan, los bancos que protegen, la política (otra palabra griega) que desaparece. Y así demostrar que proyectos serios como el de Syriza no tienen lugar en Europa. Será para ellos una victoria”.

Por cierto, la excelente película Mediterráneo tenía una frase en el final. La pantalla se funde a negro y se puede leer: “Esta película esta dedicada a todos los que quieren escapar”.

* Diputado nacional (FpV-PJ).

Publicado en Pagina /12  

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